Acabo de darme cuenta de que hoy hace 3 años que todo empezó.

Después del parto todo encajaba dentro de lo normal, o al menos, dentro de las expectativas que tanto mi marido como yo nos habíamos hecho de lo que sería nuestra experiencia como padres.

Llorenç dormía entre 4 y 5 horas tanto de día como de noche, mamaba y se volvía a dormir. Aunque sí notábamos que algunas situaciones eran mal toleradas como el momento del baño o los viajes en la sillita del coche.

Pero justo hoy hace 3 años que la cosa cambió por completo. ¡¡Y mucho!! Llorenç tenía 30 días.

Era el día del bautizo de un primito y a las 18h teníamos que estar en la otra punta de Mallorca, así que salimos con tiempo suficiente para poder llegar e ir tranquilamente a la Iglesia. El viaje en cotxe fue tranquilo y antes de la hora indicada ya estábamos en el lugar.

Bueno, pues fue bajar del coche y Llorenç empezó a chillar, porque él cuando lloraba chillaba directamente… A gritos.

Le daba el pecho, se relajaba. Soltaba el pecho, lloraba.

A las 18h toda la familia entró en la Iglesia para celebrar el bautizo y mi marido y yo nos quedamos fuera intentando tranquilizar a nuestro hijo, pero no había manera…

Al salir del bautizo, media hora más tarde, nosotros seguíamos ahí, sin conseguir que Llorenç se calamara… y yo quería irme a mi casa. Y me angustiaba, porque sabía que estaríamos 1h en el coche escuchándole llorar… Decidí ir al restaurante, ya que estábamos ahí… pasé de fotos con la familia… no estaba con ánimos.

Llegamos al restaurante y parecía que Llorenç había decidido quedarse dormidito. Normal, pensé, con lo que ha llorado… al menos podremos cenar tranquilos y podré saludar a la familia.

Ingénua.

Entramos en el restaurante y había un montón de barullo. Había mucha gente hablando fuerte, creo que incluso había música puesta y Llorenç se volvió a despertar llorando más fuerte que nunca.

Salí del restaurante para intentar calmarlo pero se hacía imposible. Decidí ponerlo en el fular elástico que siempre llevaba encima. Pensé que sería infalible… pero no. Seguía llorando y llorando muy fuerte.

El restaurante estaba situado en una plaza que a la vez hace de rotonda, si no recuerdo mal. Y está rodeada de fincas de pisos. Pues bien, en un momento dado, levanté la cabeza y me di cuenta de que había vecinos en casi todos los balcones mirando qué le pasaba a aquel bebé que se le escuchaba llorar de aquella manera. Y yo me quería morir… habían pasado ya 2 horas desde que habíamos bajado del coche y no parecía que la cosa fuera a mejorar.

Llegó el momento de cenar y decidí ni asomarme al restaurante. Seguía con Llorenç en el fular, ahora más tranquilo aunque no dormido, y tuve que cenar de pie, en una mesa de la terraza/acera del restaurante y nos fuimos antes del postre.

Me gustaría haber visto mi cara cuando fuimos a despedirnos y mi prima, con cara de sorpresa, me dijo; ¡¡”Pero si todavía falta el postre”!!. Le respondí que yo no quería postres… que lo que quería era llegar a casa y descansar.

Aquél día me di cuenta que mi maternidad no sería como yo había esperado. Mientras yo estaba en la calle cenando de pie, veía a otras mamás durmiendo a sus bebés dentro del carrito dandole cuatro meneos y al rato ya lo soltaban y lo aparcaban a su lado de la mesa. Y ahí se quedaba, el bebé dormidito. En medio del barullo, de las risas…

Ese día, también entendí a mis padres. Me di cuenta de que no eran los más exagerados del mundo cuando hablaban de mí, de como había llorado a todas horas tanto de día como de noche y con un llanto ensordecedor. Ese día los entendí, y sus palabras venían a mí a cada instante.

Afortunadamente, ese día Llorenç no lloró nada en la sillita mientras regresábamos a casa. Y se lo he agradecido muchas veces. Ese día estaba desbordada, frustrada, cansada. Por qué tendría ese malestar mi hijo, me pregunté tantas veces antes de descubrir el concepto de las Altas Necesidades. ¿Por qué mi hijo y yo seríamos unos bebés tan distintos al resto?

Afortunadamente ya tengo la respuesta. De ese día tuve un mal recuerdo durante muchos meses, pero ahora ha pasado a ser una anécdota más, porque después de éste, vinieron cientos de días y lloros intensos, pero teniendo la consciencia de las Altas Necesidades poco a poco hemos ido consiguiendo que la percepción y la gestión del momento sea totalmente diferente a aquella experiencia.

Ahora, después de 3 años, nuestro día a día es totalmente diferente. Tenemos a un hombrecito en el que sus Altas Necesidades se van transformando día a día en qualidades magníficas.

Después de haberte contado cómo empezó todo, me gustaría invitarte a que te unieras al grupo de Facebook Altas Necesidades – Bebés y niñ@a intens@s en el que podrás compartir dudas, recursos, ideas y en el que tendrás un punto de encuentro con otras familias que están en una situación similar. También tendrás acceso directo a mí para resolver dudas, consejos, etc.

Además, tienes a tu disposición la Guía Práctica para Familias con hij@s con Altas Necesidades que es una clase gratuita con la que aprenderás a discernir si tu hij@ tiene Altas Necesidades además de 6 consejos clave para conseguir una experiencia en la crianza de tu hijo más gratificante + la transcripción completa en pdf.